Elecciones andaluzas 2015

Este artículo pretende ser un análisis de los resultados de las elecciones andaluzas 2015:

El pasado 14 de diciembre de 2014, el centro de estudios sociológicos Metroscopia publicó un trabajo de campo de la empresa Commentia, realizado entre los días 20 de noviembre y 3 de diciembre, según el cual sobre 800 encuestas telefónicas, la intención de voto en Andalucía si las elecciones fueran generales, según este grupo Joly, se distribuía de la siguiente forma: 13,2% Podemos; 11,4% PP; 11% PSOE.

Sin embargo, si la estimación de voto se centrara en unas autonómicas andaluzas, la distribución sería: 17,4% Podemos; 24,9% PP; 30,9% PSOE; 12,8% IU.

Los estudiosos delas encuestas decían, según el Instituto DYM Market Research para El Confidencial, que el auge de Podemos se debe, en parte, a la desmovilización de grandes bolsas de voto en el centro y en el centro derecha. De hecho el Confidencial, daban una intención de voto de 7,8% parel estudio para el PP y 7,2 para el PSOE. Al par, un 60,2% no tenía intención de voto decidida. El mismo estudio daba a Podemos una estimación de voto de un 29,6% para las generales.

El 9 de enero de 2015 el llamado Observatorio de la SER estimaba que Podemos obtendría el 27,5% de los votos en unas elecciones generales. Ese partido sería la primera fuerza política, con un 27,5% de los votos; el Partido Popular se convertiría en el segundo poder, con el 24,6% del sufragio; y el Partido Socialista, obtendría el 19% de los encuestados; Ciudadanos 5%; e IU 3,7%.

Sobre 800 encuestas entre el 27 y el 30 de enero, El Mundo señalaba que el PSOE lograría un 34,7%, el PP lograría el 30,2%.

Una encuesta realizada por Sigma Dos, elaborada a partir de 1.800 entrevistas entre el 26 y 29 de enero pasados, Podemos alcanzaría un 15,6%, IU lograría el 8,2% y UPyD un 3,5%. El resto nada.

Según ABC y la encuesta realizada por GAD3, el PSOE alcanzaría el 36,4 %, el PP el 32,7% y Podemos un 13,5%; IU que alcanzaría el 7,1%.

El pasado 8 de marzo, el barómetro del instituto Metroscopia decía que Podemos sería el partido más votado, con un 22,5%, seguido por el PSOE (20,2%), el PP (18,6%) y Ciudadanos (18,4%). Luego, Izquierda Unida tendría un 5,6% y Unión, Progreso y Democracia (UPyD), un 3,6%.

El 13 de marzo de 2015 se publica una encuesta del Observatorio de la cadena Ser  en Andalucía, según la cual el PSOE-A sería la fuerza más votada con el 33,6%, seguido  por el PP-A, con el 22,3%. Podemos sería la tercera fuerza con un 19,9% y Ciudadanos (C’s) se estrenaría con el 10,7%. IU tendría un respaldo del 6,2%. UPyD, con el 2%, se quedaría fuera del Parlamento, al igual que otras formaciones con menor apoyo como el Partido Andalucista (PA) y Vox. El 2,5 por ciento de los consultados optaría por el voto en blanco.

El 14 de marzo de 2015, una encuesta elaborada por Sigma Dos, de 1.800 entrevistas telefónicas realizadas entre el 9 y el 12 de marzo, y que publica ‘El Mundo’, Ciudadanos (C’s) entraría en el Parlamento andaluz, como cuarta fuerza política, con un apoyo del 11,4%, por delante de IU, que obtendría el 6,8%. El PSOE-A lograría el 33,1%, mientras que el PP-A alcanzaría el 26,8%. Podemos entraría por primera vez al Parlamento gracias al 15,2% y Ciudadanos obtendría entre 11 y 12 escaños, y a IU le daban cuatro diputados. UPyD en 2%, y el resto, un 4,7%, se repartiría entre el resto de partidos.

El 15 de marzo, el sondeo realizado por Metroscopia para el diario El País, muestra de 3.200 entrevistas, realizada entre el 1 y el 11 de marzo, indicaba que el PSOE lograría (36,7%), el Partido Popular (25,1%), Podemos (14,7%), Ciudadanos (11%) y IU (8,5%).

La encuesta hecha para ABC por la empresa GAD3, el PSOE (32,4%), el PP (28,4), Podemos (15,5%), Ciudadanos (10,9%), e IU (7,1%).

En el sondeo realizado por NC Report para La Razón, el PSOE (33,1%), el PP (26,8%), Podemos (15,2%), Ciudadanos (11,8%), e IU (6,5%).

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Los resultados vinieron a confirmar, solo en parte, las encuestas, sobre todo las menos tendenciosas.

Cambio de sistema o cambio de ciclo

Los resultados prueban que el fin del sistema está bastante más lejos de lo que algunos ilusionan. Es rigurosamente cierto que el bipartidismo ha sufrido un revés y que la situación de partidos en este país no va a ser igual que antes de 2015. Pero el sistema tiene resortes que le permiten un margen de maniobra todavía holgado. Todo lo que implica que para avanzar en un sentido de progreso es necesario una mayor acumulación de fuerzas y para ello, de una mayor unidad de las fuerzas democráticas, de izquierdas y progresistas.

Entre el PP y el PSOE, en 2012, sumaban 80,18% (40,66 + 39,52), y en 2015, suman 62,19 (26,76 + 35,43). Y también que los dos partidos perdieron 617.462 votos (503.039 votos el PP; y 114.423 el PSOE). Sin embargo, sigue existiendo una mayoría sustancial de votos de los dos partidos (62,19%) y más crecida de los diputados de los dos partidos (80 diputados que gracias a la ley electoral representan el 73,4%). Por tanto podemos decir que el bipartidismo está tocado, pero no hundido.

Otra consideración a tener en cuenta es la especificidad del caso andaluz. Lo mismo que nunca se nos podría pasar por la cabeza pensar en la posibilidad de una alternativa real en algunos municipios mientras no se elimine el clientelismo existente, en Andalucía, en tanto perviva el actual sistema productivo y clientelar, la posibilidad de romper el sistema tiene dificultades añadidas.

El profesor de matemáticas y antiguo alcalde de San Sebastián de los Reyes, Ángel Requena Fraile, decía que en Andalucía, la Ley D’Hont ha favorecido mucho al PSOE a costa de partidos menores.

De haber formado coalición Podemos e Izquierda Unida, habrían superado al PP en Sevilla, Cádiz y Málaga, y por tanto PSOE+Ciudadanos no sumarían mayoría absoluta. Aunque no se puede sumar el número de votos mecánicamente, en el supuesto hipotético de haber formado coalición IU y Podemos, porque no todos los votantes de Podemos aprobarían esa alternativa, no es menos cierto que podría sumar otra franja de voto descontento. Los posibles resultados serían: Podemos + IU sería segunda fuerza, por delante del PP, en Sevilla, Cádiz y Málaga. Restarían 3 diputados al PSOE (Almería, Huelva y Jaén), 2 al PP (Córdoba y Málaga) y 1 a Ciudadanos (Sevilla). La composición del Parlamento pasaría a ser: PSOE: 44 (-3), PP: 31 (-2), Podemos +IU: 26 (+6) y Ciudadanos: 8 (-1).

De otro lado, los malos resultados de PP e IU han permitido que PSOE disimule su constante pérdida de votos. No olvidemos que si bien los diputados son los mismos, el número de votantes del PSOE ha disminuido en 114.423 (el 4% menos y el porcentaje de apoyo más bajo del PSOE en unas elecciones autonómicas andaluzas). En cualquier caso, dado que las espectativas llevan tiempo dando al PSOE a la baja, estos resultados les permiten estar satisfechos. Veremos el comportamiento electoral en las próximas municipales, en particular en las capitales de provincia.

El reparto con la Ley D’Hont vuelve a penalizar a los menores y en general condiciona la necesidad de coaliciones para la lucha electoral, mientras no se cambie la ley electoral.

¡Las leyes electorales no son neutrales! De ahí que uno de los próximos debates vaya a ser la reforma de la ley electoral

El PSOE ha sido beneficiado en gran manera: con el 35,43% de los votos obtiene el 43,2% de los diputados, mientras que Podemos, con el 14,84% de votos, baja al 13,76% de los diputados; e IU con el 6,89% de los votos saca el 4,58% de los diputados.

¿Se va a confirmar el fin del bipartidismo?

Algunos aseguran que el bipartidismo ha muerto. Pero su defunción aún no está certificada. Podemos y Ciudadanos entraron en la Cámara andaluza con una gran impronta, abriendo así un nuevo ciclo político. Pero de ahí al fin del bipartidismo hay un trecho. Junto a PSOE, PP e IU, serán cinco los actores políticos con representación, y ninguno con mayoría absoluta. Tocará negociar, pactar y cerrar acuerdos puntuales. Algo nuevo para PSOE y PP acostumbrados hasta ahora a alternarse en las diferentes estancias del poder.

Tal vez al bipartidismo le suceda el ‘gran pacto’.

El bipartidismo no está derrotado. Su capacidad de resistencia y mutación tiene formas y medios, como lo demuestra la aparición de Ciudadanos (C’s), operación de la derecha económica que busca un relevo posible al PP, cambiando la imagen para que nada cambie.

El bipartidismo no es el conjunto de dos partidos sino una estructura donde participan partidos, poderes económicos, medios de comunicación, que nace desde la transición controlada en 1978, a la que se suma C’s, con las banderas de la lucha contra la corrupción y el relevo generacional. Y que va más allá de nuestras fronteras y es forma de ejercer el poder en toda Europa, América del norte y ….

Al viejo discurso “ni de izquierdas ni de derechas”, es probable que C’s desplace a Podemos y sea el más fiel representante para la derecha económica. Además C’s es un eficaz freno de las espectativas de cambio que representa Podemos, copiando parte de su discurso y poniéndolo al servicio no del cambio sino de la reacción. Este es el ejemplo más eficaz surgido del caso andaluz, y pretenderán ensayarlo a gran escala en el conjunto del Estado Español.

Que el debate izquierda/derecha no es suficiente, es claro. Pero es imprescindible al lado de otros debates como lo nuevo y lo viejo o los de arriba y los de abajo. Para construir una experiencia de Unidad Popular que sea verdaderamente ganadora deberá tenerlos en cuenta a todos, tal como ocurrió en Grecia.

De ahí que no podamos quedar parados. Si no hacemos nada y nos acostumbramos a lo de siempre, el año 2015 puede significar una victoria de la reacción al cambio. Debemos dejar de mirarnos en nuestro interior y obtener y reciclar  las inquietudes de la ciudadanía.

El Régimen del 78 no está acabado. En Andalucía, sólo una de sus patas ha quedado medio rota, y la pata de repuesto ya está casi lista. Además, la fuerza que pretendía encauzar el descontento, el cabreo y el rechazo de la ciudadanía y su indignación, esto es, Podemos, confunde el cuestionar el Régimen con competir con sus partidos. Y decide participar en las elecciones adoptando la lógica, el lenguaje, la estructura, la cadena de mando y los vicios clásicos de la política institucional.

Ese tipo de funcionamiento, que conlleva ser un partido como los demás, repele a los potenciales votantes dentro de la abstención; a aquéllos que no creen en la política convencional, a aquéllos a los que sí llegó el 15M y el primer Podemos, el que no escondía su legado. Quieren jugar a lo mismo olvidando los modos de hacer que compensaron su bisoñez en las europeas, a saber, la apertura a la participación, la distribución de las competencias, la improvisación, la imaginación, los procesos colaborativos, el boca a boca… Los ciudadanos empezamos a pensar que el partido es una herramienta de algunas personas, las únicas que pueden proponer, que las “gentes” no son escuchadas como antes, y que han perdido capacidad de decisión.

Fomentar una participación masiva, produce la construcción de una identidad como partido menos definida, más difusa, y ello no es un problema, ya que hace que el sentimiento de pertenencia e identificación con el partido se extienda. Cuanto más rígida y más definida sea una identidad, menos capacidad tiene para representar la heterogeneidad que se le supone a una mayoría social. El debate de la democracia en los partidos, el respeto a la opinión de las minorías y a su externalización, y un funcionamiento mucho más trasparente y público son elementos que también van a estar en primera línea de debate los próximos tiempos.

Ante esta situación, Podemos, quiere lograr la centralidad del tablero con mensajes etéreos y laxos, suavizados o moderados. Incluso hay miembros de esa formación que apuestan por una transversalidad mayor de sus mensajes y de su procedencia social. El 15M demostró que se puede tener un discurso ambicioso y transformador y recabar los apoyos de una mayoría  social, pero lo hacía desde una multitud de emisores, de manera que los perfiles concretos de sus portavoces no condicionaban a la imagen del movimiento ni a sus mensajes. Por mucho que Pablo Iglesias o Íñigo Errejón se empeñen en pasar por políticos moderados, sus vinculos de su breve historia, bien manipulados por los medios del Régimen para desinflar los apoyos de Podemos, hacen difícil que Podemos pueda ser una alternativa de centro izquierda.que c Y deberían entender uanto más abierta sea la organización, cuanta más gente se sienta perteneciente y participante, más capacidad se tiene para contrarrestar las campañas difamatorias

El liderazgo personalista que permitió a Podemos aparecer y tener presencia en los medios de comunicación de masas es ahora un freno y un problema a la hora de cohesionar a esa anhelada mayoría social alrededor del proyecto. La aparición de los portavoces los convierten en productos televisivos, convirtiéndolos una vez  en amores y después, muchas otras en hartazgo con el tiempo y saturación, sobre todo si no se someten a una continua reinvención –de imagen, de discurso, de socios,…– .

Estas elecciones, son las primeras del territorio español a las que se presentaba Podemos. Su intención era atraer voto desde IU y el PSOE, hasta el PP, es decir del “centro del tablero”. Se ha encontrado con una cierta fidelidad en el voto del PSOE y menos fidelidad en el de IU –también menos votos-, lo que no le permite levantar el vuelo de Ícaro hacia el cielo, al menos por el momento. Su campaña ha sido tan tradicional como la de los otros partidos: elaboración centralizada del programa (nada o casi nada de participación de las bases ni discusión horizontal; campaña en las redes sociales también centralizada; actos al más puro estilo tradicional con charangas incluidas; … Quizás el aspecto más novedoso haya sido la financiación con microcréditos que está dentro de la ley y no crea dependencia de los bancos.

Quiso equipararse con lo que entiende como sus rivales directos, interpelándolos con el fin de alcanzar un reconocimiento como iguales, mientras evitó competir directamente con lpartidos de “orden inferior”.

¿Qué papel va a jugar Podemos a partir de ahora?

Podemos, junto a Ciudadanos, deberá definirse en los pactos. Especialmente de cara al resto de elecciones autonómicas y municipales a la vuelta de la esquina. De momento nadie quiere hablar de pactos. Como mucho, pactos puntuales. A Pablo Iglesias (Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos) abstenerse de llegar a acuerdos y dibujar un panorama de ingobernabilidad puede venirles bien. Al más puro estilo de Syriza que fue bloqueando la situación en Grecia para forzar adelantos electorales uno tras otro. Al final, esgrimiendo que los partidos tradicionales estaban obsoletos, se alzó con la mayoría política.

Podrá gobernar PSOE en minoría con sosiego y tranquila gobernanza. O admitirán otras patas del banco, las prebendas que les van a ofrecer por apoyos puntuales.

Podemos logra un 15 %. No es un mal dato en un territorio en el que no tienen estructura, inimaginable hace un año para una formación política recién creada. Pero es un resultado inferior a sus expectativas. Según ellos, les ha ido muy bien, pero no sufieciente para asaltar el cielo. Con estos resultados, tienen difícil convertirse en el partido más votado en España.

IU

Esta formación debería empezar por hacerse una severa autocrítica. No se puede mirar para otra parte mientras existen fenómenos como los de Madrid, y los de otros muchos lugares, por más que algunos dirigentes digan que no sabían nada. El mismo día de las elecciones andaluzas, un dirigente de IU decía en una televisión pública, a propósito de los pactos, que si tenían acuerdos programáticos beneficiosos no habría motivo para oponerse a ellos.

Pues bien, conocemos tres casos de acuerdos de gobierno con acuerdos previos programáticos sobre los que merecería la pena reflexionar: Asturias, Cataluña y Andalucía. En ambos casos los ciudadanos no percibimos mejoras sustanciales desde el punto de vista social y político –salvo la colocación de un número importante de funcionarios-, y sí hemos comprobado un importante derrumbe electoral de IU. Las “ansias de sillón” no suelen traer buenas consecuencias.

Como sucede con los partidos que pactan –más aún cuando surge otro partido de competencia en el mismo campo político–, los resultados son una nueva lección sumada a las muchas lecciones de contumacia. En Andalucía se repite la misma historia que en Asturias y Cataluña, y que cuando el PCE quería ser el abanderado de la transición a la monarquía llamada democrática, presentándose como el partido de los pactos y la moderación.

¿Con quien aliarse?

Susana Díaz va a gobernar en solitario, con menos de millón y medio de votos, es decir, un 22% del censo electoral. Refresquemos la memoria: a pesar de que la participación subió de 62,23% en 2012 a 63,94% en 2015, los ciudadanos que no participaron del juego (abstención, voto en blanco y el nulo) suman el 40% de ese mismo censo. El actual sistema político manifiesta que casi la mitad de la población de Andalucía no quiere participar del sistema de acceso a las Instituciones.

El tren volvió a pasar por delante de la puerta de Izquierda Unida después de que se le escapara el anterior en abril del año pasado, cuando un Podemos incipiente quiso formar una candidatura conjunta a los comicios europeos. IU, que partía con ventaja para conformar la lista y elegir al número 1, se cerró en banda. Podemos rompió todos los pronósticos dejando a Izquierda Unida en una verdadera encrucijada. Se encuentra a medio camino entre la crisis de los partidos tradicionales y la movilización del electorado de izquierdas. Y debería pensar que el funcionamiento tradicional de los partidos no es válido a estas alturas. Los “aparatos” son cada vez menos necesarios, a la par que cada vez más odiados por la ciudadanía, que los desprecia por inoperantes y ser trabas para el desarrollo de progreso de la libertad y la democracia de los partidos. Además son el mejor caldo de cultivo para el ascenso a la llamada clase política de lo más inútil de la sociedad.

La disyuntiva ha sido objeto de numerosos debates internos. Hace pocos días, Julio Anguita rompió 15 años de silencio en mítines políticos, y quiso dejar claro que el futuro pasa por pactar con Podemos. En Madrid, no obstante, los candidatos elegidos originalmente en primarias abogaban por lo mismo y los hechos les han conducido a tener que huir de IU. La negativa del aparato del partido regional, ha acabado propiciando la salida del partido de Tania Sánchez -excandidata a la Comunidad- y Mauricio Valiente -excandidato al Ayuntamiento-. En vista de que para Andalucía no ha habido lista conjunta, una IU debilitada en las urnas, ¿habrá listas conjuntas de cara a los comicios de mayo? ¿y para las generales de noviembre?

Refundir la izquierda

La realidad andaluza no es mecánicamente extrapolable al resto de España. Pese a todas las incomprensiones y dificultades, se está imponiendo, aunque más lento de lo necesario. La izquierda, deberá refundirse por exigencia e imperativo social. Porque lo demanda toda la ciudadanía.

Y se ha de empezar por la unidad en la lucha popular y ciudadana y también en la confrontación electoral.

Es increíble que en un año nos encontremos en este escenario. Sin duda que la aparición de Podemos, sirvió para dinamizar la vida política, lo que quiere decir que lo que se hacía hasta entonces por los otros partidos de la izquierda, no se hacía del todo bien.

Es preciso para no perder el entusiasmo que generó el 15M, saber combinar el funcionamiento de una organización descentralizada, dinámica, cambiante, abierta y hasta cierto punto difusa y caótica, con un programa unitario sin exclusiones, nítidamente de izquierdas y con la proyección mediática de las personas más diversas. Es cierto que esa organización híbrida no es fácil de gobernar y dirigir pero, quizás, eso sea otra ventaja.

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